Hubo una época que cuando un docente tenía que evaluar un pariente se excusaba de participar para evitar sospechas de beneficiar al evaluado. Del mismo modo los jueces se excusaban si tenían alguna relación con el acusado. Era un código virtuoso de sana ética profesional que requiere altura moral y honestidad. Actitudes como estas no están escritas en ninguna ley, y alguno podrá decir que lo que no está prohibido, está permitido. Pero no todo lo que es legal es necesariamente ético. Hoy parece que esos sanos códigos éticos han sido olvidados y deliberadamente deshonrados. Así, adelantarse en una fila de personas que esperan pacientemente un servicio, está bien; o nombrar juez a un abogado que fue su defensor en causas todavía en curso, con un claro objetivo de favorecerse, se ha convertido en una repugnante y perniciosa práctica que todos presenciamos asombrados y escandalizados. ¿Estaremos viviendo el ocaso de los códigos éticos? El fin no debe justificar siempre los medios. De sostenerse esta práctica viciosa y deshonesta nos conducirá inexorablemente a la descomposición de la sociedad.

Juan Carlos Díaz Ricci

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